Escrito por

Cristina Sánchez de Pedro

22/03/2019
Bel canto. La última función. © Cortesía de Diamond Films.

Julianne Moore y Ken Watanabe protagonizan un secuestro basado en la novela de Ann Patchett.


El presidente Masuda es el objetivo, pero no ha venido ni se le espera. Ha preferido quedarse en casa viendo su telenovela favorita. Y cuando un grupo rebelde guerrillero interrumpe el concierto privado de Roxanne Coss (Julianne Moore) para el importante empresario japonés Hosokawa (Ken Watanabe), la primera sorpresa que se encuentran es que la persona que más les interesa no ha asistido a la fiesta. A partir de ahora, en su lugar, deben hacerse cargo de varias decenas de rehenes que serán liberados si, y solo si, a sus compañeros encarcelados les ocurre lo mismo. Desde el minuto uno, el plan no está saliendo bien.

Trailer de 'Bel canto. La última función'.

¿Víctimas o villanos? Bel Canto. La última función retrata, posiblemente, el secuestro con más cultura que nos pudiésemos imaginar. En cuanto se dan cuenta de la fama y de la importancia de contar con Roxanne Coss entre los rehenes, los rebeldes son conscientes de que es su baza más importante. De esta forma, la música se convierte en un personaje más, y la belleza de la voz de Roxanne es el nexo de unión entre rebeldes y prisioneros. Pero, la verdad, es que más entre estos últimos. El Sr. Hosokawa reconoce haber acabado en esa situación tan rocambolesca porque viajó desde Tokio para escucharla cantar y, a cambio, construiría una fábrica en el país. Sin embargo, no tenía ninguna intención de cumplir su parte del trato desde antes de subirse a su avión. Simplemente, no pudo resistirse a un concierto privado después de haberse recorrido el mundo asistiendo a sus conciertos. Ella, a pesar de haberle pedido explícitamente a su agente que desestimara cualquier actuación fuera de Estados Unidos o Europa, aceptó esta oferta tan poco apetecible por una cantidad desorbitada de dinero. 

© Cortesía de Diamond Films.

Caprichos del destino que obligan a convivir a un superfan - la obsesión de Hosokawa por la ópera está ampliamente documentada en la novela de Patchett - con su diva. Love is in the air.

En este secuestro se cena a la luz de las velas. © Cortesía de Diamond Films.

Aunque la relación entre Coss y Hosokawa es el reclamo inicial de la película, lo cierto es que, rápidamente, nuestra atención se desvía a los vínculos que se crean entre captores y rehenes (del más diverso pelaje: embajadores, diplomáticos, empresarios,...), obligados a desarrollar cierta relación de simpatía a medida que se prolonga su forzada convivencia. Almas solitarias condenadas a entenderse y que acaban construyendo una comunidad bastante asombrosa, en la que todo el mundo es útil, dentro de esa mansión de estilo francés en la que están encerrados. '¿Sería tan terrible si todos nos quedáramos a vivir aquí?', dice Carmen, metralleta en mano.

Roxanne Coss (Julianne Moore) y Carmen (María Mercedes Coroy) estrechando lazos. © Cortesía de Diamond Films.

Bel canto. La última función no se sitúa en ningún país concreto de América del Sur, lo que favorece que la película se centre plenamente en los personajes y no en las diferencias políticas entre uno y otro bando. Sin embargo, Ann Patchett - autora del bestseller en el que se basa esta historia -, se inspiró en un suceso similar ocurrido en Perú en 1996, cuando un grupo rebelde allanó la embajada japonesa en Lima y tomó como rehenes a cientos de personas para intentar que el presidente Alberto Fujimori rindiera cuentas de una larga lista de violaciones de derechos humanos y encarcelamientos de presos políticos.

© Cortesía de Diamond Films.

‘Soy americana, no tengo por qué hacer lo que usted me pide’. Julianne Moore interpreta a una famosa soprano de Chicago - que sabe perfectamente cuando sacar su lado más altanero y con quién - cuya voz, en realidad, pertenece a la cantante Renée Fleming. La actriz se preparó las escenas en las que interpreta arias de Dvorak y Puccini con Gerald Martin Moore (coach real de Fleming), para que la sincronización vocal fuera perfecta. Tal y como reconoce la actriz en The New York Times, el lado más profesional de Roxanne Coss está inspirado en Fleming, pero el resto del personaje está basado en la protagonista de la novela de Patchett.
En definitiva, Bel canto. La última función es un drama muy recomendable en el que se difuminan los límites entre buenos y malos, el conflicto pasa a un segundo plano y queremos más minutos para profundizar en cada personaje. Sin embargo, ya hemos mencionado que la música se convierte en uno más: la ópera, en concreto, es el alma del secuestro. Y ya sabemos cuáles suelen ser sus desenlaces.


BEL CANTO. LA ÚLTIMA FUNCIÓN TE GUSTARÁ SI…

  • Eres fan de Julianne Moore.
  • Te gustan las historias de amor en situaciones de conflicto armado.
  • Estás deseando ver una película en la que la ópera no esté relacionada con extrema violencia o psicópatas aficionados al canibalismo.


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