¿Qué sería de nosotros sin el denim?

Escrito por

Manuel J. Romero

03/01/2016

Llámalo vaquero, mezclilla, denim o jean... Da igual el nombre que le pongas ya que su esencia ha sido capaz de soportar el paso del tiempo y convertirse en el tejido más utilizado, icónico y útil de la historia de la moda.


Aunque no es un tejido clásico (como la lana, el lino o el algodón que acompañan al hombre desde tiempos inmemoriales) nos remontamos al siglo XVII y nos trasladamos a Nimes en Francia para asistir a su creación. Allí sería donde surge un tejido de algodón muy resistente que se extiende por Europa y se usa para hacer toldos y carpas (de aquí viene el nombre Denim, que sería una abreviación de Nimes, por su procedencia).

Damos un salto temporal y cruzamos el Atlántico para situarnos en el siglo XIX en Estados Unidos. Este sería el entorno escogido por Levi Strauss, en plena fiebre del oro, para utilizar tela de lonas marrones - antes empleadas para carros o trabajos de obra - y realizar unos pantalones mas resistentes para que los mineros pudieran usarlos a diario.

Posteriormente, este magnate importaría la tela de Francia. Durante el camino, los marineros genoveses eran los que transportaban la tela que comenzó a teñirse de azul índigo para resultar más atractiva. En ese momento comenzaron a llamarla la tela azul de los genoveses (blue jeans).

Una vez definida la materia prima, las innovaciones estaban a la orden del día. Más adelante, el sastre de Levi, llamado Jacob Davis, refuerza las costuras de los pantalones con remaches de metal, haciéndolos aún mas fuertes y duraderos. En 1873 Levi y Jacob tramitan la patente y nacen oficialmente los pantalones vaqueros.

Campaña de Levi's donde se muestra la evolución de su modelo 501. © Cortesía de la marca.

Kate Moss para Calvin Klein. © Herb Ritts, 1992.

Su uso era común entre los trabajadores que requerían un atuendo fuerte y duradero, como mineros, granjeros o ferroviarios, hasta que en las dos grandes guerras mundiales fueron usados por los soldados americanos, llegando así a Europa de forma masiva.

De ahí a convertirse en una revolución mundial sólo hay un paso y muchos deseos del consumidor. En 1934 se crea el primer modelo para mujer, llamado Lady Levi's, muy parecido al de los hombres pero con la cinturilla mas alta y ajustada. Así comienza a perdérsele el miedo al tejido y nacen las cazadoras vaqueras y su utilización en productos como bolsos, etc...

Datos curiosos como que incluso a mitad del siglo XX el vaquero seguía siendo un signo de rebeldía de la juventud y estaba prohibido su uso en espectáculos, iglesias, celebraciones, o actos culturales; no hacen más que elevar su fama.

Estrellas de cine como Elvis Presley, Marilyn Monroe, Marlon Brando o James Dean son los que consiguen que estos pantalones sean aceptados por la sociedad. Sin olvidar que los movimientos sociales de las siguientes décadas ayudaron a su difusión: como los años del nacimiento del rock and roll en los 50 o la consagración de los vaqueros en los 60 con el movimiento hippie.

En la actualidad, el 80% de los vaqueros que consumimos provienen de un oscuro rincón de China llamado Xintang donde se fabrican al año mil millones de vaqueros, aunque no siempre en las mejores condiciones debido al carácter competitivo de las empresas que ven en este tejido y prendas la base de su economía.

Las grandes marcas caen rendidas a los tejanos en sus diferentes estilos: cow boy, rockabilly, acampanados, pitillos, folk... Prada, Saint Laurent, Gucci, Michael Kors, Alexander McQueen, Valentino... (sin olvidarnos del mítico anuncio de Kate Moss para Calvin Klein que vemos sobre estas líneas) han contado con este tejido entre sus colecciones. Chic, casual, boyfriend... Miles de combinaciones posibles que tienen como base nuestros imprescindibles vaqueros. Incluso la imperturbable Anna Wintour los utilizó para su primera portada de Vogue, mezclándolos con un top lujoso de Lacroix.

No cabe duda de que, independientemente de modas, el tejido vaquero es la verdadera prenda estrella de este último siglo. ¿Qué haríamos sin ellos?

Primera portada dirigida por Anna Wintour en Vogue. Noviembre 1988

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